11.15.2007

Inés Infante 43



En el único día y la única noche de la vida de Inés Infante se aglomeran todos sus días con todas sus noches, empiezan a granizar letras sobre una pantalla negra, el cansancio dolor de sus párpados henchidos moldeando un toldo escamoso, el interior de un suspiro que la atraganta, el trazo del humo de la cara interna de sus muñecas. Muñeca hiriente, mundo de mundos en el costado de Inés, anudado a su cuello como una serpiente de cascabel haciendo sonar la ausencia, el enésimo intento de encender el mechero.

Inés Infante 42



Sobre los hombros de Inés Infante hay una bola de cristal constantemente agitada. Se le hiela el vacío en los ojos con forma de garfio y sólo piensa en reventar su cabeza contra una esquina para sacar la nieve. El agua es el total de su cuerpo. Pone Inés los cinco sentidos en el asfalto que la aplana, donde se quiere fundir cada día, así empiezan sus garfios a clavársele en el estómago del insomnio, la oscuridad y la luz son de agua y tropieza en cada piedra del espigón de un mar que reniega de ella, ha olvidado el camino hacia las dunas y la nada se instaura emperatriz del fondo de la tierra mientras Inés Infante, desde el trueno de su vientre, se retuerce y se esconde de sus fantasmas.

Tiene Inés sus palabras latiéndole en las sienes y ese eterno folio que se estremece en blanco, busca en los recodos de su bolso, ha vuelto a perder, busca por cada lugar de su mente, invierte el camino y busca, extrapola los versos de nieve que la congelan, estúpida niña, no comprende, sigue buscando y busca y busca.

10.16.2007

Inés Infante 41


Inés Infante despierta dormidas durante todo el rostro, se acongojan de pies y retuercen su estupefacto amuleto placidez desperezándose en los recodos verde cuero frío que aún las abrazan, huelen sus narices el silencio de café y su papila gustativa busca entre sus pertenencias un lápiz para dibujar el llanto de la tarde repetidamente, huele el ritmo de las granos moliendo a Inés en el recodo del brazo, duermen Infante sobre un mullido cojín de luz, aspira humedad en sus tacto de hombres, Inés Infante despiertan hojas en blanco recién salidas del árbol

10.06.2007

Inés Infante 40



Inés Infante escala una montaña bajo el océano en escasez de oxígeno, estalactitas de posos de café y nieve marina complaciendo el paisaje, puliendo la postura, susurrándole…Observa lejanas sombras de distancia y con la humedad llega el sueño,con la doble redondez, Inés sale de la chistera y pasea sin temor a los adoquines, en vaqueros nuevos, estirada.

Siente Inés Infante hormigas en los brazos y extenuación, las ideas vibran, el cambio de tercio, los ordenamientos de aire agua y tierra, la desordenan…le vibra infante el vientre enredado, descienden las pérdidas de los cabos sueltos y dentro del esqueleto de una ballena se encuentra Inés.

9.27.2007

Inés Infante 39



Tiene Inés Infante una caja de lápices de colores y un muro blanco enorme, un sacapuntas negro con dos orificios y una pequeña cuchilla gris, hambre y miedo, un trozo de luna en el bolsillo junto a un pañuelo húmedo, un lápiz verde pistacho, una jaula alrededor apretándola…

Inés Infante abre su caja de colores, mira fijamente la pared, saca el trocito de luna del bolsillo y abre la puerta de la jaula…coge el lápiz verde pistacho con la mano izquierda y empieza a andar.

9.22.2007

Inés Infante 38



Inés Infante desorbita en su abismo, se retroalimenta de letras para subsistir, le duelen los ojos, la aprietan los huesos y se destiñen sus colores transparentando la propia piel, se mira Inés de reojo para comprobar que aún existe, no es una broma macabra… Inés Infante líquida, mientras, se ahoga.

9.11.2007

Inés Infante 37

Se da de bruces Inés Infante con un martes, la hoguera está encendida, una pequeña brasa a la izquierda de su garganta, otra más grande por el altavoz del móvil y una tercera de tamaño inconmensurable a la derecha de su cueva. Sombras de costra esposadas por el pasadizo: formas fálicas, horma de vidrio verde oscuro, centros pélvicos maquiavélicos, estrangulamientos del raciocinio, lágrimas…
Trepa por el palo de madera y observa en el ensordecedor silencio de la penumbra mientras llora…se calientan las plantas de los pies de Inés Infante que sube la música, pasa la página, deja de utilizar el 8% de la piel al sur de su cuerpo.

En el yacimiento del fuego muere Inés Infante, un martes…

9.08.2007

Inés Infante 36


En el meridiano de la verdad en lo que calla y la mentira del silencio Inés Infante es, lo corta en dos trozos exactos y se hace manguitos para tirarse a la piscina de la duda y tumbarse en la hamaca de un complejo elegido por catálogo. Lo parte en dos pedazos que se convierten en esquís para descender una pista infinita, a Inés Infante le da vértigo esquiar, se ha estancado el tiempo y sigue embarrada en un el suelo sin levantar la cabeza apenas; Olor a tierra mojada, sabor grumoso en su lengua extinta, infertilidad de sus cortas uñas…

Inés Infante secciona el meridiano en dos y sobre la estratosfera edifica una equis.

9.06.2007

Inés Infante 35



Inés Infante otea el horizonte erguido sentada sobre una titánica pompa de jabón con un chicle entre los dientes. Vapor final y principio mientras Inés y sus afluentes convergen en tiempos verbales, oleaje, ritmo impreso de unas manos donde se funde con su piel el silencio, impregnada en goma de mascar esencia de ...


Mestizo alimento tejido al folio latiendo entre las extremidades de Inés Infante volcada irremediablemente al mar.

8.31.2007

Inés Infante 34



Viaja Inés Infante con un pingüino, cuando se le abre un agujero en las muñecas el pingüino levanta su aleta derecha y vierte copos de nieve sobre ellas; Si se tropieza con una piedra invisible le deja caer y dobla la cabeza mientras redondea sus ojos atravesando las ojeras de Inés.

Un pingüino acaricia el alma de Inés Infante las noches de luna nueva, Inés coge aire en la exhalación del pingüino…


¡Felicidades, María!

8.29.2007

Inés Infante 33


La Luna conduce a Inés Infante, sopla volatilizando su traje de antinovia, se funden a bajas presiones y flotan entre las trémulas agujas de Inés. Baila Luna danza del vientre con el minutero mientras Inés oscila en el sofá, levitan las capas blancas de su vestido, los mechones de agua, la astucia, el hambre, el contorsionismo aliñado de saliva.

La gravedad arranca la verja Inés Infante lame la Luna

.

8.23.2007

Inés Infante 32

Navega Inés Infante en una vena de su tabique nasal, bucea infinitamente buscando la salida, el oxígeno, una frase a la que agarrarse del tronco, acueducto o puente, arquitectura de voces por las paredes de la vena; Se zambulle Inés en el líquido rojo de su cuerpo, se encuentra y se pierde, deambula verticalmente en un freno imposible…
Rompe con la gravedad asomando la cabeza, manchando su invisible pijama , evaporándose en bolas de aire, espermatozoide sobre blanco papel del wc, folio, auxilio, colapso a espada de madera astillada…

Inés Infante sangra por la espada de Peter Pan.

8.22.2007

Inés Infante 31

¡Ámonos quillo! En las pupilas de Inés Infante zapatea un gitano, y oleee… zapatea, su primo da palmas, arden las pupilas de Inés, sobre la boca, un cuarto de luna abierta. Entre las oscuras palmas, se forma una minúscula guarida donde crece romero, y se bebe manzanilla, Inés se cuela, cuidadosamente y se acurruca, el pecho le late al compás y el aire se le entrecorta en destellos…y oleee!
Entre una línea y otra de su palma Inés Infante yace excedida con los zapatos negros en los ojos y un túnel en sus oídos, ¡ámonos quillo, ámonos!

8.19.2007

Inés Infante 30

Anda Inés Infante ladeando preguntas, pensando en nada, cabiz-alta baja o cabiz-baja alta…anda endemoniadamente frágil, agarrada a libros polvorientos y preguntas antiguas que se tropiezan con respuestas también antiguas por no buscar otras respuestas que anden endemoniadas, de puntillas, rectas, en la armonía del cantar la espinela acariciando sus oídos de perra callejera.

Inés Infante 29

Inés Infante cuelga con alfileres trozos de folio en una pared invisible, observa sentada en la cama el resultado global y cada uno por separado; Puede partir algunos en trozos más pequeños pero seguramente se corte las manos. Si hace mucho frío Inés se lleva la pared a la calle, abre la puerta de casa y la saca torpemente, la mete en el coche ahuevado y arranca, se le ha abollado la chapa del acompañante en el empeño, pero a Inés le gusta llevar la pared por si llueve, y llueve…la tapicería es una capa de aire calido altamente sensible a la humedad, de ruidos en el silencio, de silencio en el desgaste de los asientos…el coche de Inés Infante es agua que cae mientras, con las manos en el volante, trata de pasar el limpia por la retina.

8.07.2007


A Ángel

Inés Infante 24

Una puerta y varias ventanas, una corriente en la casa de Inés Infante, cierra una y empieza a llover brusco, las vísceras se le amontonan de oeste a este las vísceras…entrecierra otra ventana, el calor la va achicando y se ahoga en su propio espacio, se le olvida respirar mientras intenta cerrar la segunda ventana; Un trueno cuando se acerca a la puerta atraviesa a Inés y la parte, la quema y la moja, la petrifica rompiéndola en descomposición, espiral de miedo en su cuerpo vestido de negro, un ciclo y otro ciclo…Inés hecha astillas en el suelo de retales de amor encajados en cada baldosa de baldosas formando una historia dedal, anhelando un libro de la estantería, evocando mares de alfombra y llorando en la propia sombra que mece el recuerdo. Vuelve a la segunda ventana, Inés se pierde por el camino, a recomponer la puerta… se dispersa entre la madera y come y roe y grita mientras se duerme, se acelera y se muere de una dentellada más por dejar hueco, para afinar la herida…

Inés Infante 25

Inés Infante se abre en su cicatriz y cose punto sí punto no, cose Inés sobre el sofá marrón chocolate y agujas largas agujas, punto sí punto no…y vuelve a abrirse a cocerse en el humo del asfalto y el humo la tiene flotando sobre la propia certidumbre, se retuerce, se achica en lo de más avivando lo de menos y se rompe en una boca que la hace volver a retorcerse, adopta una pose y se deja rescatar una noche y otra noche en una piedra golpeando espalda, susurra en el oído del mundo, no sigue vuelve…no, la atropella el regazo del humo, la destruye, ya no es Inés, ya no es martes, ni ese día señalado del año en el que se le resiste la muerte, ya no es Infante en su esencia mecida a fuego lento por lenta y por mecida, las brasas de su incendio contaminan los recuerdos portados en verso recuerdos, el rojo de su entrega a ninguna parte…

Inés Infante 26

Se pregunta Inés mientras se vuelve muda, va olvidando la fonética de su lengua y el sonido de las palabras en el aire, cuando el aire pregunta muda se vuelve, chispea morfología del silencio, recuerda: Inés recuerda el sentimiento anclado a su cadera en esta ciudad húmeda, lo mira de frente con miedo no lo mira, lo tuvo delante lo tiene de frente y no se atreve, se incendia en su boca contaminada, se recuerda estirándole el alma de las puntas, arropándole las partículas en su pureza y traicionándole, anclada a la existencia de su piel con un enorme gancho de hierro, Inés Infante chorrea ausencia en su garganta, amor ridículo…amor.

Inés Infante 27

Recuperar, enorme bola de duda aprisiona a Inés Infante en el fracaso, en su medio y en su insomnio de peces, la castora se ha astillado, los pedazos flotan en el tiempo y el espacio se cierra y no deja de girar, gira y se cierra arañando las piernas de Inés, golpeándolas…los pies están llenos de heridas y una moneda supura en su talón izquierdo, se incendia una ausencia escrita en los bordes del espejo, en los pies salados y llenos de arena, choca contra las paredes del encéfalo de Inés Infante y rezumba una abeja en sus oídos para recuperar...

Inés Infante 28

Carcelera de huesos Inés se derrama en el cariño y se repite, renovar no sabe querer poeta, olvida aprender a morder la manzana despacio, se emancipa de sí misma dándose a las montañas, el contacto con las nubes es letal en sus dedos que andan reumáticos y en la profundidad de sus fronteras desdibujadas, se transparenta Inés Infante en la alegría de compartir doliendo, en el sadismo cómico del cuento de un brazo aprisionado al mundo, se unifica a la manada y el trote de voz evapora sus huesos mientras Inés Infante se evapora subversiva en un ciclo.

Inés Infante 23


A Nicolás


Un perro lame las heridas de los pies de Inés Infante, la despierta con la zapatilla en la boca, la busca eternamente. Siente Inés el desconcierto del ciclo, el principio de principios el girar de las ausencias y, siente la lengua del perro en su dedo índice del derecho pie, observa su rostro canino reclamando tiempo, pidiendo…se ahoga en la llanura del tengo sin tener y sin, careciendo de manos y de pelo, de extremidad que la enrede, entreviéndola esconderse entre los troncos de los árboles, de las choperas, bebiendo el curso sinsentido veloz sentido sin, acostada en la cama, cansada, Inés Infante no nació de pie, aunque se lo ocultan.

El calor cae seco sobre los hombros de la circunvalación de su sonrisa, el perro bebe sus carcajadas y se relame, se relame el perro de Inés Infante y entre dientes desencajados se cuela un rayo huidizo... los parpados de Inés Infante erosionan en la madrugada mientras sus piernas se quedan frías...

7.24.2007

Inés Infante 22


Le duelen a Inés las cuencas de los ojos, tiene una espina en la garganta y otra en la muñeca, se le clava la cueva laberíntica de la realidad agazapada a los pies, a Inés Infante le duele la vida en sus dos espinas corporales.

Le esta haciendo un sombrero a la sombra de su sombra, al negro que la cubre y la enmudece, a la manta que la tapa en verano y la destapa en invierno…un sombrero de palabras, de la paja acumulada en las cuencas, de manga ancha y silencio extenso, de espinas y cola de avión.

7.21.2007

Inés Infante 21



A Lola Pan.

Armoniza Inés en apetencias pisando con el brío de un día elíptico, roza la tela del vestido por su cuerpo estival, de su jaula el festejo, vaivén de su contoneo acompañado. Camina Inés Infante con cuatro pies y dos bocas, tatuajes, pulso, paso, versando el camino de señas, paso, de redondas ventanas, paso, de hondura…
Una valla demoniza sus nalgas encarceladas, después, pulsera blanca y pasaporte a Parnaso, ondas mestizas entran por las muñecas abiertas, se cuelan los ritmos entre las agujas del reloj y van subiendo por los brazos, con la mano levantá y la mirada aunada en el cielo , acaricia Inés Infante una masa de aire y agua, dibuja su forma hasta acoplarla en su boca y entonces, devora con su lengua la nube.
Hilo de cristal, pirámide murano en verde, lago de canibalismo a chorros de aire rodean a Inés en una geografía de ingravidez, no existen puntos cardinales en este nuevo mundo, carece de meridianos, se expone inconcluso a sus cuatro pies adquiriendo dimensiones.

7.08.2007

Inés Infante 20





Inés se quedó muda, en medio del pub, mientras él se marchaba empezó a bailar con toda la fuerza de las palabras del chico apoyado en la columna, con turbante alrededor de un nido.

Al día siguiente Inés se levanta enferma, al salir de su portal en el banco de enfrente mira a Fernando dormir, Inés se siente tan vagabunda y cansada como él. Gira a su alrededor la sala de urgencias, en algún punto cercano al sueño, mientras se sujeta la cabeza. Al salir camina de lado, no consigue la línea recta en su trayectoria pero sí llegar al portal, comprobar que Fernando sigue dormido, subir, y desprenderse en la cama un número indefinido de horas que no consiguen acabar con su fatiga.

Inés Infante piensa en la devaluación de las palabras, las del chico con el nido en la cabeza eran las mismas que las de Don Quijote y Sancho, iguales a cientos de mensajes de su teléfono móvil, podía recordar esa palabra en muchos labios distintos, en algunos ojos diferentes, pero sí es cierto que pocas veces la sentía latir.

Mientras duerme Inés, trece pisos más arriba que Fernando, siente la conexión de sus ojos y su sonrisa, dándose para conseguir algo, alienado a normas sociales de las que huye.

7.06.2007

Inés Infante 19

Un pensamiento de Inés Infante surge de un grano de arena y va expandiendo en halos crecientes y contenidos en una exclusión evolutiva, se va conformando en grescas de los menores, y sin embargo, carece de las pequeñeces propias de lo grande. Va creciendo en una evolución que increpa volver a ser grano, y convoluciona en un mundo sin esquinas, en un sueño de largo recorrido carente de meta…envolvente, absurdo, tan externo como interior, tan lúcido como etéreo, tan mentira como el nivel de opacidad del cristal de los ojos de Inés, tan principio como estancado se sumerja en los adentros y angustie lo efímero del todo. No avanza, se clava fuerte entre la uña y la piel, como una pincha negra imposible, como un vicio sin objeto ni ser humano que lo ejercite, se clava en el culo de la ficha de domino, en los puntos, en la doble blanca divina.
Inés Infante sabe que se machaca el mundo en las esquinas, las mismas que mean los perros y los borrachos.
Vomita Inés su deseo de encarecer el dolor, dilucidar el rechazo, buzonear lo políticamente incorrecto, el deseo propio del deseo, de los que desean, los proyectos, el comensal sentado a la mesa, la sombra del escritor sin folios, sin lápiz, el mundo machacando el deseo, el mismo escritor sin ganas… sin esquinas.
Le crecen esquinas a Inés Infante mientras el mundo se machaca sobre una minúscula plataforma.

7.03.2007

Inés Infante 18




Inés Infante es Dulcinea subiendo peldaños por una escalera de caracol, le alumbran los ojos de un búho que viaja sobre su cabeza enmarañándole el pelo, le empuja el viento de una ciudad que habitó antiguamente, le crecen y decrecen lunas al tiempo que sube la escalinata. Inés sabe que al final de la torre hay un balcón, y se intensifica en sus itinerantes tobillos rozando el borde de los escalones.

Inés Infante 17

Inés Infante cuestiona su existencia todos los martes últimos de mes, advierte dubitativa la inconsistencia de su persona, el desequilibrio de sus huellas, la intensidad de su caída, la verosimilitud con la muerte se convierte en una constante mensual; pero solamente la planea una vez al año, la viste de gala, la acoge en su regazo, le acaricia las mejillas con ternura…Inés Infante planea su muerte una vez al año, pero todos los meses sueña con ella.

Inés Infante 16

En la vida de Inés Infante no existe una cronología, es un amasijo de recuerdos que circulan por ella en tubos transparentes a velocidades de ocho dígitos o de ninguno, por eso Inés vomita por cada recoveco de su angustia, por eso cuando era niña se metía en el armario y cuando violada se siente una cremallera estrangula los pellejos de su labio inferior al superior.

Las primeras veces de Inés Infante fueron clavos en la plantas de los pies, hoy son cicatrices que se abren con cada nueva primera vez, más infrecuentes pero más dolorosas, siempre en los mismos puntos dobles.

Destila sus ojos en lo global y lo nuevo, destripa gallinas en el callejón que la transporta a otra época, aquella en la que deseo vivir Inés Infante, donde la hubieran quemado y sus gritos, parte del fuego, fundidos con el aire, ensordecieran al mundo durante una milésima de respeto y reflexión, de tristeza profunda y alegría…poca, de la mierda que pisa Inés diariamente mezclada con las costras de su herida.

7.01.2007

Inés Infante 15

Cae Inés Infante por lírica de luces de cristal olvidando el tacto del aire, cae y cae buceando dos mares introspectivos…aspas azules y amarillas a la suerte del viento y un conjuro, el gato del molino.

Amortigua la caída una tela que mece a Inés entre un pino y otro pino, olor a humedad, el hombre la abraza araña con toda la longitud de sus extremidades, maúlla el gato de Sancho Panza.

Inés permanece en algún lugar entre un imán de nevera y la nube que la escupió, justo a los pies del pino más próximo a sus muñecas…a la densidad del cuanto; serie del remo que impulsa.

6.26.2007

Inés Infante 14

A Lule.


Las piernas de Inés forman parte de un reloj, giran autónomas, de modo que su rumbo es esférico al cuadrado. Por la noche el epicentro se convierte en farola, negra y ornamentada, que flota a través de un amarillo Valencia, cobrando vida en el interior de Inés Infante, y los tres giran y giran…

Por las agujas resbala el intento fallido, se escucha al universo clavarse en sus tobillos oxidados, a la nostalgia con teclas de agua frotando la lámpara, espiando la alineación de la ausencia, del agujero en la rodilla izquierda rumiante…escucha Inés el rumor mudo y se convierte en satélite ingravitto.

Inés Infante come en plato pequeño y bebe en vaso grande, se atraganta con la espina del pez espalda, y cura su garganta con miga de pan. Su garganta está arañada por un gato, por eso cuando habla le duelen las palabras y cuando grita escupe sangre.

Manca la asidera de contrastes que mecen la cuna, Inés levanta el cuchillo jamonero, lo precipita hacia los huecos, a golpes de jadeo, a picos. Se sienta en el sofá recostándose en la única idea que la arropa, Inés Infante se sienta en el sofá…

6.24.2007

Inés Infante 13

Inhala Inés el humo de la última calada de su cigarrillo, tira la colilla al suelo y la ahoga en la tierra mediante el talón a movimientos giratorios de 30 grados este y oeste, levanta el pie y la mira, en dos dimensiones, justo al lado, una china… la minúscula piedra se dirige a la colilla en tono altivo: yo, soy una piedra, a lo que la colilla le responde: y yo, una colilla aplastada. Inés permanece perpleja observando; El guijarro continúa su charla: yo, soy parte de este lugar, la colilla entonces, trata de recuperar su dimensión zeta, pero no lo consigue, enmudece… a lo que la piedra se enoja abultado y salta sobre ella. En ese momento Inés levanta la cabeza y ve un niño correr; Lentamente, Infante, exhala el humo de esa última calada.

6.22.2007

Inés Infante 12

Se le mecen las fronteras a Inés Infante cuando calla, cuando silencia su mundo, coge una cinta métrica amarilla, la desenrosca lentamente y elige las piezas, mide su tamaño mientras observa la placa base, todos los integrados de su cuerpo deben alojarse en las diferentes tarjetas, con los que no acoplan ha decidido hacerse unos pendientes…aunque sabe que le harán heridas.

En el silencio de Inés Infante sólo se escuchan las aspas, todo está funcionando según el montaje, las piezas nuevas sustituyeron a los fantasmas antiguos, y de aquella bahía hueca crecieron unos largos brazos para hacerle a su cintura un collar.

Inés procesa los espacios entre aspa y frontera desde su nuevo cuerpo, muy despacio delante del espejo se desnuda, enrosca el silencio a las piezas estilográficas que electrifican sus muslos…se mece biestable itinerando el compás mudo del deseo, adormecida en su nuevo sueño de único rostro perruno y sonriente.

Inés Infante 11

Inés Infante mira tus ojos mientras se desgastan, come tu boca a bocados de humo y señales mientras se termina de vaciar, se arrastra el caracol por la comisura perpendicular a tu nariz y paralela a tu otra comisura, van atravesándose lamiendo lo que queda de sueño, de Inés Infante más grande, de lo nuevo y del delirio final del hambre agazapada al culo y lo que cuelga del interior de tu garganta.
Mientras te vacías Inés Infante mira tus ojos, mientras te desgastas, te viertes al río contaminado, tuerces tu remo ortogonal y se te tuerce en el cerebro el otro pie, se desenfoca la órbita lunar de cada vértebra, secan los afluentes.
Mientras se despereza nace y vuelve a nacer al grito de la calle, la cucaracha, el gato muerto, del accidente…y cruzándose con la ambulancia Inés siente morir una parte de si; Mientras, te mira, y tú no puedes mirarla.

Inés Infante 10

En la decepción básicamente está triste e intenta ocuparse básica en un radio kilométrico, la única idea del aire vendido no alivia la distancia, llora básicamente y básicas caen las lágrimas mientras conduce mareas Inés Infante.

6.19.2007

Inés Infante 9

A Victor.

Inés Infante es aficionada a la criptografía, su palabra clave proviene del Griego, denomina un perro con tres cabezas y cola de serpiente, Inés encripta la decepción de la niña, dibujada a carboncillo al ver caer frente a ella la bicicleta, al perderse en los radios de las dos ruedas que sostuvieron el último de sus sueños, antes del buitre, perdida en la horizontal con la música tan alta que laten sus sienes, las yemas de oliva cuando Kerberos se adelanta y se queda sin niña y sin oliva.

Suele Inés recuperar la clave y el texto cifrado, se sienta en el borde de la cama, enumera las letras de la palabra y de sus orejas va saliendo espuma hacia la nariz, de su nariz sale sangre hacia el interior de sus muñecas, se abren las venas que absorben la espuma y la sangre de su ventana. Finalmente, si ningún intruso ha alterado el mensaje, Inés Infante desencripta el texto y sonríe.

6.18.2007

Inés Infante 8


No sueña Inés Infante,
un buitre picó sus ojos durante un paseo.
Ahora es más feliz.

Inés Infante 7

Inés Infante tiene un collar del elenco de coños freudianos que ha visitado:
La primera no hablaba, Inés ensuciaba el diván con la pócima negra que chorreaban sus focos escocidos, cuando pasaba la hora, Inés Infante y la congestión de su cara tenían que ir escondiéndose detrás de unas gafas de sol hasta llegar al coche.

La segunda sólo conservaba un tercio de su dentadura, mientras Inés esbozaba tímidamente su historia el gran psico-coño medio calvo y mellado estiraba la mano debajo de la mesa hasta el cajón, donde guardaba frutos secos que comía a escondidas bajo la estupefacción del profundo absurdo, finalmente tendió a Inés una tableta de ansiolíticos.

El tercer coño en discordia quiso que Inés descendiera a su mundo y equilibrase su carácter, Inés se imagino encima de una oveja con un delantal a lunares y un portátil, de fondo el berrido de un churumbel… y corrió. Inés Infante corre muy deprisa.

Llego la cuarta, extrajera pelirroja y fría, sus ojos de nieve no escrutaban la historia de Inés, la primera vez que leyó a Inés Infante se creo un cordón umbilical que forjó la progresión y el abandono progresivo de todos los vicios autoagresivos de Inés, quedó la imagen del cuchillo clavado en el meridiano de Greenwitch que atraviesa hasta el último elemento de esta enorme bola de tierra y agua.

6.17.2007

Inés Infante 6

A menudo Inés se queda absorta en la horizontal, cuando lo nuevo y lo viejo se confunden, se imagina que pasaría si alguna vez el barco no se hundiese, si la miraran a los ojos de forma atemporal y se alineará la materia ósea con la gris en un pentagrama, y viajara su suerte entre cuatro espacios y cinco líneas. Inés Infante se queda absorta en la horizontal.

Mientras maquilla los mismos afules ojos suele mirar el espejo, imaginarse una noche más, sus muslos contra otros muslos, saciada la carne…Inés Infante sacia su carne con carne, no sabe saciar su alma.

Inés Infante 5

Inés Infante mantiene el baile de sus dedos y el fluir aluminio del chorro sobre mármol, encauza los afluentes meridiano a meridiano, le ciegan los destellos del tango que aún no ha bailado y detiene su espiración en una palabra...

Inés Infante 4

Inés Infante baila líquida y altisonante mientras se desprende de los minutos que se aprietan entre los azulejos blancos y azules... la música estira las átomos del hilo conductor y su cuerpo de oruga se cuela en la manzana. Es una oruga Inés. Se lanza sobre la cama y la manzana se parte dejando a la intemperie su silencio... desliza sus manos por las pompas y se entretiene en unos versos arrullados al hueso de su cadera...

Inés Infante 3


Inés Infante entra en los taxis con la mente llena de poesía, dos hilos de voz revelan la dirección y un halo amistoso forzado... después llega a casa más o menos media luna.

Inés Infante se levanta y se dirige al baño, llena sus manos de agua que en lugar de fundirse con su cara termina abriéndole afluentes... líquido fluye por Inés cuando decide llenar la pila: pone el tapón, abre el grifo, y observa el proceso mientras le dan vueltas los ojos. A Inés Infante le dan vueltas los ojos... siempre levanta la vista y mira al espejo, primero busca la suciedad, luego la soledad, y finalmente decide chapotear con las palmas hasta llenar el espejo de gotas y explotar su risa contra ellas, sus carcajadas de jabón llenan de pompas la casa fiebre ochentera y aires mestizos...

6.16.2007

Inés Infante 2

Inés Infante es, líquido esculpido de las fauces de un lobo, atropello de intuiciones a compases alternos, placebo de niños, una teta y otra teta, boca a pedazos bebiendo su sangre, colilla mal apagada, del hambre el cenicero, anoréxica de lo continuo. Es una perra soñadora Inés Infante, una miga, una cordillera anímica, una tormenta con su espacio lleno de palabras y tachones donde se deconstruye y se reforma, donde quiebra su cintura antes de echar a correr.

6.15.2007

Inés Infante 1


Inés Infante pronto comprendió la importancia de su lengua madre... apenas con nueve meses y sin dientes hilaba las palabras, a bucles negros y estrellas armadas de posesión sobre los codos, en el carro con el tronco erguido mirando la calle.

Le laten las venas de las muñecas y precipita las manos a su guayaba o su guayaba se precipita sobre ella. Clonación de leona y rata. En la metamorfosis de una perra y una santa nació de los excrementos de sus padres Inés Infante, fue vomitada a la vida, eructada en una montaña donde permaneció sucia bajo la luna y la mierda. Su madre empujaba tanto que cayó por la montaña, y tanto empujó su padre que aún sigue volteando. En la ladera levantó la cabeza, barajó la idea de una mecedora donde permanecer en llano, pero volvió a mirar hacia arriba.